miércoles, 27 de agosto de 2014

El cebo - Ladislao Vajda (1958)

cebo, Ladislao, VajdaTítulo original - Es geschah am hellichten Tag
* Año - 1958
* Duración - 90 min.
* País - Alemania del Oeste (RFA), Suiza, España
* Director - Ladislao Vajda
* Guión - Ladislao Vajda, Hans Jacoby, Friedrich Dürrenmatt basandose en una novela de Friedrich Dürrenmatt
* Música - Bruno Canfora
* Fotografía - Heinrich Gärtner, Ernst Bolliger
* Productora - Chamartín / Praesens Film / CCC Filmproduktion
* Reparto - Heinz Rühmann, Sigfrit Steiner, Siegfried Lowitz, Michel Simon, Heinrich Gretler, Gert Fröbe, Berta Drews, Ewald Balser, María Rosa Salgado, Anita von Ow
* Género - Intriga, Drama


Ladislao Vajda demostró ser un aventajado en su tiempo realizando este oscuro y siniestro cuento sobre la naturaleza humana, basándose en el guión que escribió junto a Hans Jacoby y Friedrich Dürrenmatt, a su vez basado en la novela de este último ‘The pledge’. Con una clara influencia del realizador alemán Fritz Lang, Vajda realiza un trabajo soberbio que incomprensiblemente no ha tenido mucha repercusión, quizás por no ser estadounidense, quien lo puede asegurar. El mejor thriller europeo de su época y uno de los mejores de la historia (solo hay que ver que se hacía en la época), casi nada vamos.

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Sinopsis: El comisario Matei (Heinz Rühmann) está a punto de dejar su puesto en Suiza para cambiar de aires y buscar nuevos retos cuando aparece una niña asesinada en un pequeño pueblo, en un bosque cercano a la carretera. La sospechas recaen sobre el vendedor ambulante que ha encontrado a la niña, ya que las pruebas parecen indicar que es el responsable y tan solo Matei lo cree inocente, pero ya no pertenece a la policía y el caso es asignado a un ex-compañero. Con la única prueba de un dibujo que la pequeña realizó en clase donde se aprecia un gigante regalando erizos a la niña, decide posponer su viaje e iniciar una investigación por su cuenta.

cebo, Ladislao, VajdaEl director: Ladislao Vajda era hijo del popular actor, director y escenógrafo Ladislaus Vajda. Comenzó su carrera como guionista en el cine alemán y austriaco, ejerciendo mas tarde como montador en los años 30 junto a Billy Wilder o Henry Koster entre otros, alternándolas con tareas de dirección artística. Pero lo que son las cosas de la vida, el estallido de la Segunda Guerra Mundial lo hizo huir a Francia y de ahí a Italia, donde realizó un par de trabajos, pero tras prohibir Mussolini el segundo de ellos, 'Conjura en Florencia' (1941), se traslada a España, donde encuentra algo de estabilidad.

En nuestro país debuta con 'Se vende un palacio' (1943), a la que siguen varios trabajos con Antonio Casal de protagonista: 'Te quiero para mí' (1949), con el que debutó Sara Montiel, 'Doce lunas de miel' (1944) y 'Cinco lobitos' (1945), la adaptación de una obra de los Hermanos Quintero. Después llegaron dos co-producciones con Portugal, 'Barrio' (1947) y 'Tres espejos' (1947) y mas tarde rodó en Inglaterra 'The Golden Madonna' (1949).

Ya en la década de los 50, tuvo su mejor etapa como director con títulos como 'Carne de horca' (1953), 'Marcelino pan y vino' (1955), 'Mi tío Jacinto' (1956), 'Tarde de toros' (1956) y 'Un ángel pasó por Brooklyn' (1957). Tras ellas llegaría la que hoy nos ocupa, su último trabajo con cierto nombre, ya que en los 60 y hasta su fallecimiento realizó varias obras menores en Alemania y España.

La película: Ante todo quiero agradecer a mi contacto en twitter de la web minovioesmasjoven.com que me recomendara el visionado de este trabajo, ya que mi único acercamiento al cine de Vajda había sido 'Marcelino pan y vino' (1955), película que en mi infancia tuve que tragarme un innumerable numero de ocasiones, ya que la ponían cada dos por tres por televisión y por aquellos entonces no había mas canales donde elegir, así que sin su recomendación dudo mucho que la hubiese llegado a disfrutar.

Lo primero que me llamó la atención es la inquietante y hermosa fotografía de Heinrich Gärtner y Ernst Bolliger, con esa estética que bebe del impresionismo alemán y esas atmósferas magníficamente conseguidas que dan un aire único a la cinta. Es responsable de gran parte del valor final de este trabajo y uno de sus protagonistas indiscutibles desde un principio.

Tras dos minutos de metraje te olvidas del origen de la película y crees estar viendo cine negro estadounidense del bueno, algo que me ha sorprendido muy gratamente. El trabajo de Ladislao Vajda es impecable, tanto en el manejo de la cámara, en la dirección de actores y en ese ritmo narrativo ágil que te mantiene en constante tensión y que consigue imprimir al trabajo ciertas similitudes con el trabajo del maestro Hitchcock, salvando las distancias claro, sobre todo en la forma en la que mantiene el suspense y la intriga durante toda su duración. También se nota claramente la influencia de Fritz Lang en su trabajo, así que no se puede pedir mas, ya que las fuentes de donde bebe son inmejorables.

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En cuanto al reparto, destacan por encima de todo el protagonismo de los dos actores que representan el bien y el mal, Heinz Rühmann que interpreta al comisario Matei, un hombre obsesionado por el caso de una forma casi enfermiza y que antepone su resolución a todo y a todos. Su conducta, que a día de hoy estaría a años luz de la legalidad, lo aleja del clásico agente impoluto que vemos en otros trabajos similares. En el lado contrario de la balanza se encuentra Gert Fröbe, que interpreta al horrible monstruo totalmente trastornado que desencadena toda esta pesadilla. Sobre ambos se sustenta gran parte de la película, en el primero, de una forma directa ya que lleva la investigación y el segundo de forma indirecta en gran parte del metraje, ya que en gran parte de ella nos será tan desconocido como para el comisario. Ambas actuaciones merecen una alta puntuación, al igual que la de el resto del reparto, donde destacaría a Michel Simon en el papel de vendedor ambulante en el que recaen las sospechas de casi todos, Berta Drews como la arrogante y dominante pareja de Fröbe, la hermosa María Rosa Salgado y la dulce Anita von Ow como madre e hija.

He de advertirles de que para disfrutar plenamente de este trabajo, hemos de enmarcarlo en el contexto de la historia donde se desarrolla, ya que hablamos de una época donde para la mayoría de la población era inconcebible la sola idea de la existencia de personas como nuestro monstruo. Las puertas de las casas permanecían abiertas casi todo el día, los niños iban de acá para allá sin problema alguno y se hacía participe a cualquier desconocido de la intimidad de la familia, con una inocencia impropia de los tiempos que vivimos. Si la intentamos ver desde la visión que tenemos de la vida hoy día, muchos de sus personajes nos parecerán ingenuos y la trama nos será difícil de entender.

Si tengo que ponerle algún pero a la película es la leve bajada de ritmo de su tramo final y una resolución que resulta poco desarrollada y un tanto precipitada, algo que por otra parte, era muy común en muchísimos trabajos de la época. Nada que sirva de escusa para no disfrutarla.

Conclusión: Estamos ante un excelente trabajo del que tengo la total seguridad que estaría en las listas de las mejores películas del cine negro si su producción hubiese sido estadounidense. Totalmente recomendable por su envolvente adicción que te atrapa desde el primer minuto, su lograda estética y su logrado guión, ademas de por el inmenso trabajo de su creador, un Ladislao Vajda que jamas recibió el reconocimiento que merece su cine, ni las oportunidades que otros consiguen casi sin merecerlo. Me hubiera encantado verlo dirigir en la época dorada de Hollywood, pero el cine, como la vida misma, no siempre es justo con quien lo merece. No se la pierdan, se alegrarán.



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