miércoles, 18 de marzo de 2015

Dies irae - Carl Theodor Dreyer (1943)

Dies, irae, DreyerTítulo original - Vredens dag (Dies irae)
Año - 1943
Duración - 105 min.
País - Dinamarca
Director - Carl Theodor Dreyer
Guión - Carl Theodor Dreyer, Poul Knudsen y Mogens Skot-Hansen, basado en la obra Anne Pedersdotter de Hans Wiers Jenssen
Música - Poul Schierbeck
Fotografía - Carl Andersson
Montaje - Anne Marie Petersen y Edith Schlüssel
Producción - Carl Theodor Dreyer y Tage Nielsen
Productora - Palladium Productions
Género - Drama
Reparto - Thorkild Roose, Lisbeth Movin, Sigrid Neiiendam, Preben Lerdorff Rye, Anna Svierkier, Albert Hoeberg


Carl Theodor Dreyer es el responsable de este tremendo alegato contra el fanatismo religioso, en el que se adapta la obra de teatro Anne Pedersdotter de Han Wiers-Jensen (1906). Con altas cotas dramáticas, un ritmo muy pausado y una austeridad casi absoluta, estamos ante un tipo de cine que no gustará a muchos de los aficionados actuales, pero que posee una riqueza en la gran variedad de temas que trata, el enorme trabajo de su reparto y la valentía de su director por el contexto político en el que fue realizado (pleno auge del movimiento nazi), que la convierten en una obra indispensable.

Dies, irae, Dreyer

Sinopsis: Absalom (Thorkild Roose) es un estricto sacerdote luterano que vive en Dinamarca, en la época de la caza de brujas. Junto a el vive su joven esposa Anne (Lisbeth Movin), con la que consiguió casarse de forma poco honesta y su madre Meret (Sigrid Neiiendam), una anciana de duro carácter que desaprueba desde el principio el matrimonio, ya que no cree que Anne sea trigo limpio. Todo cambiará cuando regrese a casa Martin (Preben Lerdorff Rye), el hijo que Absalom tiene de su primer matrimonio, cuya relación con su madrastra distará mucho de la normal entre madre e hijo...

El director: Carl Theodor Dreyer fue un director de cine y guionista danés, nacido en Copenhague un 3 de febrero de 1889. Rechazado por su padre incluso antes de nacer y abandonado por su madre, se crió con la familia Dreyer recibiendo el nombre de su padre de adopción, Carl Theodor Dreyer.

Dies, irae, DreyerSus padres adoptivos eran rígidos luteranos y sus enseñanzas probablemente influyeron en la severidad de sus filmes. Desde muy joven le señalaron su privilegiada situación y la idea de que tendría que valerse por sí mismo. Enseguida Dreyer trabajó como periodista y en este tiempo pudo ir perfilando su vocación de cineasta (su "única pasión", como diría luego) al escribir los textos de varias películas de cine mudo y posteriormente al redactar guiones (1912-1918). Luego, en 1936, hizo crítica cinematográfica para luego ser cronista judicial de 1936 a 1941.

Su filmografía abarca medio siglo, aunque siempre se caracterizó por preferir la calidad a la cantidad. Vamos a destacar varios trabajos de ella: El presidente (1919), La viuda del párroco (1920), Las páginas del libro de Satán (1921), Los estigmatizados (1922), El amo de la casa (1925), La pasión de Juana de Arco (1928), Vampyr, la bruja vampiro (1932), Dos personas (1945), Ordet (La palabra) (1955) y Gertrud (1964). Es un director muy encerrado en sus ideas y proyectos (pero con preocupaciones políticas esenciales), de hecho no fue a ver mucho cine en general. El mismo indicó que su cine busca las experiencias íntimas del hombre, y que trata de adentrarse en el misterio y en los conflictos interiores de los humanos.

La película: Ante todo quiero dejaros claro el tipo de trabajo que tenemos delante, ya que ponerse a visualizar una obra de este tipo sin saber de que estamos hablando, es una empresa que tiene pocos visos de resultar fructífera para el espectador. Hablamos de un trabajo con un ritmo sumamente lento, en el que el dramatismo alcanza limites insospechados y cuyos personajes, a excepción de uno de ellos, viven en la mas absoluta rigidez moral, hasta el punto que no los veremos siquiera llegar a sonreír.

Dies, irae, Dreyer

Y claro, ver algo así sin saber a que atenerse, puede resultar sumamente frustrante y desconsolador. Pero si elegimos el día y el estado de ánimo apropiados, dejando a un lado los prejuicios que lo expuesto puede llegar a crear, nos encontraremos con una película que tiene mucho que ofrecernos, con grandes virtudes que un cinéfilo no suele dejar escapar y que además fue creada en un derroche de valor de un Carl Theodor Dreyer que, a pesar de las claras influencias que su severa educación tiene en su cine, no duda en arremeter duramente contra todo tipo de recortes en la libertad del ser humano, plasmados aquí en el fanatismo religioso, que tanto daño ha echo a lo largo de la historia, venga de la religión que venga.

Si pretendes realizar un trabajo en el contexto histórico en el que se desarrolla, con la totalidad de la población viviendo en un clima de pánico permanente, en el que una simple acusación de cualquier persona puede dar pie a que unos representantes de la iglesia te condenen a morir quemados en la hoguera junto a tus descendientes, no puede ser un trabajo amable ni grato de ver, al menos si pretendes trasladar dicha inquietud al espectador. Su guión, escrito por Carl Theodor Dreyer, Poul Knudsen y Mogens Skot-Hansen, basándose en la obra teatral Anne Pedersdotter de Han Wiers-Jensen, brilla mas que en sus diálogos, que también nos dejan algunas frases para el recuerdo, en el amplio abanicos de temas que trata, entre los que destacan el miedo, la opresión, el amor, el instinto de supervivencia y la oscura condición humana que todo acaba por torcerlo.

El director simplifica al máximo todos los recursos utilizados en ella. El uso de la cámara es sobrio, las tomas largas, la iluminación y el contraste fundamentales. La fotografía de Carl Andersson tiene mucho que decir en el, haciendo que la cámara se mueva siempre buscando mostrar los gestos de los personajes, sus rostros, sus miedos. Son ellos los principales protagonistas en una historia donde priman las imágenes a las palabras, donde las interpretaciones se tornan mas fundamentales que nunca y en la que la sensación de opresión campa a sus anchas durante todo el metraje.

Dies, irae, Dreyer

La historia se basa en pocos personajes, al cual mas sombrío y oscuro. Tenemos a Absalom, el sacerdote luterano interpretado por Thorkild Roose, incapaz de encontrar la paz consigo mismo por los actos cometidos en su vida; Meret, su anciana y estricta madre a la que da vida de forma brillante Sigrid Neiiendam; Martin, el incauto hijo de Absalom interpretado por Preben Lerdorff Rye, que es incapaz de tener un criterio propio para casi nada y en el centro de todos, la única que parece diferente al resto, la esposa del sacerdote llamada Anne, magníficamente interpretada por Lisbeth Movin. Es joven, llena de vida e injustamente entregada en manos del ruin sacerdote. Ninguno de ellos está libre de pecado, nunca mejor dicho. Destacar también el papel que realiza Anna Svierkier, la anciana Herlufs Marte que será acusada de brujería y acabará desencadenando todos los acontecimientos posteriores.

Conclusión: Dies irae (Día de la ira) es, además de un famoso himno latino del siglo XIII atribuido al franciscano Tomás de Celano, uno de los títulos que mejor representan lo que estamos por descubrir. Cine para unos pocos valientes, a los que no le importe la falta casi total de entretenimiento, a cambio de asistir en primera persona a la mejor denuncia contra la intolerancia y el fanatismo que un servidor haya tenido la oportunidad de ver hasta la fecha. Debería hacernos pensar que los actos cometidos en nombre del Islam a los que recientemente asistimos, no son los primeros ni los únicos realizados a lo largo de la historia. Es la condición humana, casi siempre destructiva. Sean felices, que no es poco.

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