jueves, 16 de abril de 2015

El ángel borracho (El ángel ebrio) - Akira Kurosawa (1948)

ángel, ebrio, KurosawaTítulo original - Yoidore tenshi (Drunken Angel)
Año - 1948
Duración - 102 min.
País - Japón
Director - Akira Kurosawa
Guión - Akira Kurosawa y Keinosuke Uegusa
Música - Fumio Hayakawa
Fotografía - Takeo Ito
Montaje - Akikazu Kôno
Producción - Sôjirô Motoki
Productora - Toho
Género - Drama, Cine negro
Reparto - Takashi Shimura, Toshirô Mifune, Reisaburo Yamamoto, Chieko Nakakita, Michiyo Kogure, Noriko Sengoku, Eitaro Shindo, Choko Iida, Taiji Tonoyama, Katao Kawasaki, Sachio Sakai, Yoshiki Kuga, Shizuko Kasagi, Masao Shimizu, Sumire Shiroki


Cinco años después de su debut, el maestro Akira Kurosawa llevó a la gran pantalla un guión escrito por el mismo junto a Keinosuke Uegusa. Un drama con aroma a cine negro que supondría la primera de 16 colaboraciones entre el director y el inolvidable actor Toshirō Mifune, entregándole el papel protagonista de forma mas que acertada a un Takashi Shimura en estado de gracia. Como casi toda la obra del japonés, imprescindible.

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Sinopsis: Sanada (Takashi Shimura) es un médico con un carácter muy peculiar, que vive atormentado por lo que pudo haber sido su vida y no fue ahogando sus penas en alcohol, aunque a pesar de todo, ejerce su labor con una dedicación casi absoluta en un barrio periférico del Tokio de postguerra, donde la mafia impone su ley en las calles. Un buen día, el doctor recibe a altas horas de la noche a un hombre (Toshirô Mifune), requiriendo le cure una herida en su mano que se hizo al golpearse con una puerta, pero en el transcurso de dicha cura, el doctor extraerá una bala de la herida, que iniciará una estraña relación entre ambos.

El director: Akira Kurosawa fue un director de cine japonés nacido en Shinagawa, un 23 de marzo de 1910. Durante su carrera dirigió más de 30 películas, entre ellas algunas tan conocidas como Los siete samuráis, Rashōmon o Dersu Uzala. En 1990 recibió un Óscar honorífico por su trayectoria

ángel, ebrio, KurosawaKurosawa tenía una técnica cinematográfica propia, que desarrolló en la década de los 50, y que le dio a sus películas un aspecto único. Le gustaba emplear lentes de teleobjetivo, por el modo en que aplanaban el encuadre y porque creía que situando las cámaras lejos de los actores se lograban mejores interpretaciones, o usar varias cámaras al mismo tiempo, lo que le permitía filmar un mismo plano desde distintos ángulos. Otra peculiaridad del estilo de Kurosawa era su empleo habitual de los elementos meteorológicos en sus películas, como la fuerte lluvia en la escena inicial de Rashōmon y en la batalla final de Los siete samuráis, el calor intenso en El perro rabioso, el viento helado en Yojimbo (El mercenario), la lluvia y la nieve en Ikiru (Vivir) o la niebla en Kimonosu-jo (Trono de sangre).

Akira Kurosawa era también conocido como Tenno (El Emperador), por su estilo como director. Era un perfeccionista que dedicaba enormes cantidades de tiempo y esfuerzo para lograr el efecto visual deseado. En Rashōmon, por ejemplo, tiñó el agua con tinta negra para lograr el efecto de lluvia intensa, y terminó empleando todo el suministro de agua de la zona para crear una tormenta. En Trono de sangre, en la escena final en la que Toshirō Mifune es alcanzado por las flechas, Kurosawa empleó flechas reales disparadas por arqueros expertos desde cerca, que se clavaron a sólo unos centímetros del cuerpo de Toshiro Mifune. En Ran hizo construir todo un castillo en las laderas del Monte Fuji, sólo para quemarlo hasta los cimientos en la escena clímax de la película. Otras historias similares sobre el perfeccionismo de Kurosawa hablan de que mandó que se invirtiera el sentido del flujo de un arroyo, para lograr un mejor efecto visual, o que hizo eliminar el tejado de una casa (para tener que reponerlo después) sólo porque le pareció que la presencia de ese tejado estropeaba una breve secuencia filmada desde un tren.

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Su perfeccionismo también se manifestaba en su elección del vestuario: le parecía que dar al actor un traje recién hecho, restaba autenticidad al personaje. Para solventarlo, repartía el vestuario a los actores semanas antes de la filmación, y les obligaba a usarlo diariamente para "establecer un vínculo" con la ropa. En algunos casos, como en Los siete samuráis, en el que la mayor parte del reparto estaba formado por granjeros pobres, se instruyó a los actores para que se aseguraran de desgastar y destrozar la ropa antes del rodaje. Kurosawa era igualmente detallista con la música, por lo que solía buscar un solo instrumento (por ejemplo, sólo trompetas), para acompañar una escena en concreto. Únicamente al acercarse el final de sus películas se escucha música más compleja.

La película: Después de haber leído mucho sobre este genio del séptimo arte y de como la censura mutiló y consiguió evitar que sacara toda su magia, tenía curiosidad por ver alguno de sus primeros trabajos, aunque no esperaba encontrarme con una obra tan completa como la que hoy tratamos. La verdad es que este film marca un antes y un después en su filmografía, mostrando ya en el parte del enorme talento que atesoraba para este arte y dando rienda suelta a su capacidad para retratar al ser humano, mostrando sus carencias y sus virtudes de una forma única.

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Para que tengáis una idea de a que nos enfrentamos realmente, deciros que en el encontramos una sutil mezcla de géneros perfectamente realizada y en la que se distingue, además del drama humano que nos cuenta, claros elementos del cine negro y ciertas notas de humor que sirven para suavizar la dureza de la historia. Para ello, elige como escenario un barrio periférico que rodea una fétida charca, que sirve para retratar perfectamente las miserias con las que tenía que sobrevivir un pueblo que, recién salido de la segunda guerra mundial y con una democracia recién instaurada, era dominado a sus anchas por la mafia japonesa, que imponía su ley en las calles con toda impunidad.

Su guión, obra del propio Kurosawa y Keinosuke Uegusa, utiliza una historia en apariencia sencilla para afrontar y desgranar una diversidad de temas enorme, entre los que podemos destacar la pobreza, los excesos del poder, lo fácil que resulta perderlo, la avaricia, la dignidad, el amor, el miedo, el maltrato, la soledad, las drogas... La lista es enorme y sabiamente diluida en el relato. Sus personajes son bastante complejos, siempre en la linea de los que el maestro gustaba de incluir en sus historias, muy alejados de la excelencia y siempre atormentados por sus propias conciencias y las vicisitudes con las que han de lidiar.

En este caso tenemos dos muy diferentes, pero con claros puntos en común: por un lado el casi siempre malhumorado doctor, que es capaz de beber casi lo que sea para olvidar lo que pudo haber sido y nunca llegó a ser, y por otro el acomodado mafioso que domina la zona, siempre rodeado de mujeres y sus hombres pero casi siempre amigo de su propia soledad. En ambos casos, el alcohol tiene un gran peso específico en sus vidas, en el primero como paño de lágrimas donde suavizar sus frustraciones y en el segundo como forma de vida dentro de un mundo lleno de excesos y lujos.

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En los apartados técnicos es donde mas se puede notar la escasa experiencia de Kurosawa en el momento de su rodaje, sobre todo en los movimientos de cámara en contadas ocasiones. La fotografía, de la que es responsable Takeo Ito (Los hombres que caminan sobre la cola del tigre, La nueva leyenda del gran judo), muestra ya las influencias que el noir tenía en el trabajo del maestro, jugando constantemente con las luces y las sombras y utilizando contrastes que recuerdan en muchos momentos a cine realizado en otros lugares.

En cuanto al reparto, hay que destacar a nuestros dos protagonistas, Takashi Shimura que da vida de forma brillante al doctor Sanada, capaz tanto de mostrar la máxima ternura en el cuidado de un paciente o de enfrentarse al jefe mafioso, por el simple hecho de no seguir sus instrucciones y Toshirô Mifune, que interpreta a la perfección a Matsunaga, un jefe mafioso local al que la tuberculosis hará temer por su privilegiado puesto y su vida. Junto a ellos brillan también Reisaburo Yamamoto en el papel de Okada, otro jefe mafioso recién salido de la cárcel que alterará la vida de ambos, la del doctor por ser el esposo de su asistente Milyo, que permanece escondida en su casa y es interpretada por Chieko Nakakita y la de Matsunaga, a quien intentará arrebatar el poder de la zona y a su novia Nanae, interpretada por Michiyo Kogure.

Conclusión: Estamos ante un trabajo que supuso el inicio del mejor cine que el maestro Akira Kurosawa nos dejó como legado. Su aparente simplicidad no es mas que el instrumento utilizado por el director para desarrollar un enorme número de temas diferentes, aunque quizás sea su moralidad la que pueda echar para atrás a algunos espectadores, algo que en mi caso queda como algo anecdótico, en comparación con la enorme riqueza que nos ofrece. Tan solo con el privilegio de poder observar el duelo interpretativo entre Takashi Shimura y Toshirô Mifune, ya merece la pena acomodarse a disfrutar de ella, mas aún si quien está al frente del proyecto, es uno de los mas grandes directores que ha dado este arte. No lo duden y disfruten de ella, seguro que no se arrepienten.



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Fuentes consultadas: Filmaffinity, Imdb, Wikipedia y Youtube

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