sábado, 6 de junio de 2015

Cuando pasan las cigüeñas - Mikhail Kalatozov (1957)

cigüeñas, Mikhail, KalatozovTítulo original - Letyat zhuravli (The Cranes are Flying)
Año - 1957
Duración - 94 min.
País - Unión Soviética (URSS)
Director - Mikhail Kalatozov
Guión - Viktor Rozov (Obra: Viktor Rozov)
Música - Moisej Vajnberg
Fotografía - Sergei Urusevsky
Montaje - Mariya Timoféyeva
Producción - Mikhail Kalatozov
Productora - Ministerstvo Kinematografii
Género - Romance. Drama
Reparto - Tatyana Samojlova, Aleksei Batalov, Vasili Merkuryev, Aleksandr Shvorin, Svetlana Kharitonova, Konstantin Nikitin, Valentin Zubkov, Antonina Bogdanova, Boris Kokovkin


Tras la muerte de Stalin, el cine soviético comenzó a resurgir asomando la cabeza del pozo en el que este lo había sumergido, brotando poco a poco, como si de un campo en primavera se tratase, un buen número de trabajos en los que se comenzaba a adivinar algo de libertad artística. Cuando pasan las cigüeñas es quizás el mas representativo de ellos, gracias a un guión que Viktor Rozov escribió sobre su propia obra de teatro, y que Mikhail Kalatozov se encargó de llevar a la gran pantalla, con un resultado tan brillante como hasta entonces inimaginable. Una película maravillosa en todos los sentidos, no se la pierdan.

cigüeñas, Mikhail, Kalatozov

Sinopsis: Verónica (Tatyana Samoylova) y Boris (Aleksey Batalov) son dos jóvenes enamorados que viven en Moscú soñando con un futuro juntos. Pero cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, un pueblo como el soviético necesita de su población para fortalecer su ejercito, por lo que Boris se alistará voluntario junto a unos amigos para combatir por su patria, dejando a Verónica a la espera de noticias de su amado. El paso del tiempo y la falta de dichas noticias, harán dudar a la joven sobre si el sigue con vida.

El director: Mikhail Kalatozov fue un director de cine georgiano-soviético nacido el 28 de diciembre de 1903 en Moscú.

cigüeñas, Mikhail, KalatozovEn sus comienzos en los años 20 trabajó como actor (como en Tariel Mklavadzis mkvlelobis saqme, dirigida por Ivan Perestiani en 1925), y en otras como guionista (entre ellas, Giuli, una versión adaptada de Romeo y Julieta dirigida en 1927 por Nikoloz Shengeláya). En 1928 codirigió con Nutsa Gogoberidze el filme Su imperio, que utilizaba material de noticiarios cinematográficos. Dos años después, en 1930, dirigió en solitario el documental La sal de Svanetia, que refleja las duras condiciones de vida que debían afrontar los habitantes de la región de Svanetia. En 1937 terminó sus estudios en la Academia de Arte de Leningrado y, tras otro breve período en Tiflis, fue contratado como director por los estudios Lenfilm, para los que rodó dos películas que tenían como tema la aviación: Valor (1939) y Valeri Chkálov (1941).

En 1943 empezó a trabajar en los estudios Mosfilm, y durante la segunda mitad de los años 40 desempeñó importantes cargos políticos relacionados con el cine, gracias a los que pudo rodar películas como El complot de los condenados (1950), un panfleto que refleja las tensiones propias de la guerra fría, y la comedia Tres hombres en una balsa (1954), que obtuvo gran éxito. El reconocimiento internacional de Kalatózov llegó con el estreno del melodrama Cuando pasan las cigüeñas (1957), considerada la primera de sus obras maestras y uno de los hitos del cine soviético. Tras ella dirigió La carta que no se envió (1959), sobre las tensiones que se producen entre un grupo de geólogos que emprenden una expedición a Siberia en busca de diamantes. Tras Soy Cuba (1963), rodada con un equipo formado por cubanos y soviéticos tras la revolución cubana, la última película de Kalatózov fue una coproducción italiano-soviética, La tienda roja (1971), sobre el rescate de la expedición polar de Umberto Nobile, con un reparto que incluye estrellas internacionales como Sean Connery, Claudia Cardinale y Peter Finch.

La película: Cuando pasan las cigüeñas es uno de esos trabajos que se disfrutan desde el primer instante, ya que desde sus créditos iniciales, la atracción visual que ejerce hacia el espectador es innegable. Estamos ante una obra que hay que valorar en su justa medida, teniendo en cuenta el contexto social y político en el que se rodó, algo que la hace aún mas singular si cabe.

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La Unión Soviética estaba en un momento de cambio tras la muerte de Stalin, algo que en un arte como el cine, totalmente aplastado bajo el jugo del dirigente, comenzaba a notarse muy poco a poco, por lo que cuando se estrenó este excelente melodrama, uno de los primeros trabajos sobre la Segunda guerra mundial que no se centraba en ella, que no ensalzaba su necesidad descaradamente, ni pretendía ser un mero panfleto político, sino que prefería centrarse en el sufrimiento de la población y como les afecta el conflicto, su repercusión fue enorme, no solo dentro de la Unión soviética, sino en toda Europa, donde se alzó con la preciada Palma de Oro en el Festival de Cannes, e incluso en Estados Unidos, donde se llegó a distribuir ampliamente.

El guión, escrito por Viktor Rozov, que adapta su obra de teatro Eternamente vivos (1954), nos cuenta una historia conmovedora y muy dramática, algo difícil de encontrar en el cine soviético hasta la fecha. Su ritmo es el adecuado, sus diálogos interesantes en general, su trama bastante sencilla, pero donde realmente destaca, es en la forma en la que nos muestra ciertas situaciones muy difíciles de desarrollar en la época, y que si os animáis a verla, seguro que entenderéis. Pero lo que realmente brilla en este trabajo, es la forma en la que dicho guión está plasmado en imágenes, además de las excelentes interpretaciones que vemos en el, ampliando ambas hasta límites insospechados un libreto que funciona bien, pero como hacen otros muchos.

Y es que Mikhail Kalatozov tiene mucho que agradecerle al encargado de la fotografía, un Sergei Urusevsky que se anticipa a su tiempo realizando su trabajo con un virtuosismo inusitado, regalándonos innumerables escenas para la historia, como la subida de las escaleras de nuestra pareja de enamorados, la forma en la que nos muestra su relación en un Moscú casi desierto, la lucha de Verónica por encontrar a Boris mientras todos se despiden de los que marchan a la guerra, y una infinidad de momentos que quedan gravados en la retina del espectador por mucho tiempo. Es tal el despliegue que realiza Urusevsky, que hay momentos en los que el como se nos muestra algo, parece incluso mas importante que lo que se nos muestra, aunque es la unión de ambas cosas, la que produce los brillantes resultados que percibimos al disfrutarla. La iluminación es también muy destacable, utilizando tintes impresionistas, numerosos claroscuros y una infinidad de efectos que recuerdan a cine de otros lugares y de otras épocas.

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La otra pieza clave de este largometraje es el excelente trabajo que realiza su reparto al completo, con una Tatyana Samoylova, que interpreta a Veronica, que sobresale por encima de todos, realizando un despliegue de facultades digno de las mas grandes actrices que ha dado este arte. La cámara la adora, algo que utiliza el director para ofrecernos una infinidad de primeros planos de la magnífica actriz, capaz, con solo un gesto o una mirada, de transmitir mucho mas que much@s dialogando. Junto a ella tenemos a Aleksey Batalov, que interpreta a la perfección a Boris, su media naranja; Aleksandr Shvorin hace lo propio con Mark, el primo de Boris, un artista con pocas ganas de luchar por su patria; Antonina Bogdanova da vida a Babushka, la abuela de Boris y Vasiliy Merkurev a Fyodor Ivanovich, el padre de Boris.

Conclusión: The Cranes are Flying es un trabajo que no puedo mas que recomendaros, principalmente por lo completo que resulta, el virtuosismo con el que está filmado, la enorme calidad de sus interpretaciones y, por que no, por lo que significó en la historia cinematográfica de un pueblo que por aquellos entonces había olvidado lo que era el cine de verdad, acostumbrados a soportar un conjunto de arengas en favor del partido, la patria y el poder establecido, que era lo que les llegaba. Tiene un enorme dramatismo, encontrando en el a la guerra como un telón de fondo, en vez de la gran protagonista, algo que se agradece enormemente, ya que si tiene que elegir un camino, ese sería el anti-bélico, preocupándose mas en mostrarnos los horrores de la guerra que su necesidad o sus causas. Yo de ustedes ni me lo pensaría. Mención especial al final de la cinta, que gustará a unos mas que a otros, pero que como mínimo resulta curioso. Que la disfruten, merece la pena.

Os dejo un impresionante traveling de la película y el único trailer que he encontrado, en su idioma original.



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Fuentes consultadas: Filmaffinity, Imdb, Wikipedia y Youtube

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