lunes, 20 de junio de 2016

El hijo de Saúl - László Nemes (2015)

Saul fia, Son of Saul, hijo de Saúl, László NemesTítulo original - Saul fia (Son of Saul)
Año - 2015
Duración - 107 min.
País - Hungría
Director - László Nemes
Guión - László Nemes, Clara Royer
Música - László Melis
Fotografía - Mátyás Erdély
Montaje - Matthieu Taponier
Producción - Gábor Sipos y Gábor Rajna
Productora - Laokoon Filmgroup
Género - Drama
Reparto - Géza Röhrig, Levente Molnár, Urs Rechn, Sándor Zsótér, Todd Charmont, Björn Freiberg, Uwe Lauer, Attila Fritz, Kamil Dobrowolski, Christian Harting
Web oficial - http://sonyclassics.com/sonofsaul/


László Nemes escribe junto a Clara Royer, dirige y además se encarga de la banda sonora, del que es su debut en la gran pantalla, la multipremiada Saul fia (Son of Saul o El hijo de Saúl). Un viaje a través del campo de concentración de Auschwitz, en el que acompañaremos a un prisionero miembro de los Sonderkommandos, no apto para todos los paladares y que no suele dejar a nadie indiferente. Una historia similar a muchas de las contadas sobre el exterminio nazi, pero haciéndolo de forma muy diferente a la habitual, en la que el espectador intuye mucho mas de lo que ve y participa de forma directa en la asfixiante atmósfera que se vive en tan terrible lugar, siempre contando con que se meta en su historia y en como nos la cuentan. Te gustará o no, pero de lo que no queda duda es que consigue innovar en un tema tan recurrente en el mundo del cine como el holocausto. Si me lo dicen antes de verla no lo creo.

Saul fia, Son of Saul, hijo de Saúl, László Nemes

Sinopsis: Campo de concentración de Auschwitz, 1944. Saúl (Géza Röhrig) es un prisionero judío de origen húngaro que pertenece a los Sonderkommandos, judíos elegidos por los nazis que se encargan de conducir hasta las cámaras de gas a los grupos de judíos que llegan constantemente, encargándose de la recogida de los efectos personales de estos y la limpieza de las cámaras donde son asesinados, a cambio de lograr sobrevivir. En una de las limpiezas, Saúl descubre a un chico que ha sobrevivido inicialmente al gas, aunque ya es tarde para el y no consigue salvar su vida. A partir de ese momento intentará al menos salvarlo del crematorio, haciéndolo pasar por su hijo e intentando que reciba un entierro acorde a su fe.

El director: Nemes Jeles László (László Nemes) es un guionista y director de cine húngaro, nacido en Budapest, el 18 de febrero de 1977. Hijo del director de cine András Jeles, creció en París, interesándose desde muy joven en el mundo del cine. Después de estudiar Historia, Relaciones Internacionales y posteriormente, formarse como guionista, Nemes fue asistente del destacado director de cine Béla Tarr. Tras dirigir los cortometrajes Con un poco de paciencia (2007), The Counterpart (2008) y The Gentleman Takes His Leave (2010), por fin a los 38 años ha podido dirigir su primer largometraje, El hijo de Saúl, obteniendo con él resultados inimaginables que lo han llevado a alzarse con el Oscar a la Mejor película de habla no inglesa, el Gran Premio del Jurado y el Premio FIPRESCI en Cannes, el Globo de Oro como Mejor película de habla no inglesa, el Premio David di Donatello al Mejor film de la Unión Europea y el Independent Spirit Awards a la Mejor película extranjera, entre otros muchos. En la actualidad trabaja en el drama Sunset, ambientada en el Bucarest de los años previos a la I Guerra Mundial. En principio se espera para 2017.

La película: Son of Saul es ante todo una película muy arriesgada, cuya principal característica puede ser su gran acierto o su talón de aquiles, en función de la opinión y el gusto de cada espectador. A esa carta se la jugó László Nemes para escribir y llevar a la pantalla su opera prima, la que además le sirve para rendir su propio homenaje a la familia de su madre, que desapareció en uno de esos campos de exterminio. En gran parte de la película, cámara en mano, seguiremos fijamente a nuestro protagonista durante su odisea dentro del infierno donde intenta sobrevivir. No seguimos la acción en primera persona, como si de un videojuego se tratase y la cámara simulase ser los ojos del protagonista, sino que seguimos los pasos en todo momento de Saúl, nos convertimos en su sombra de forma constante para así hacernos sentir parte de lo que el siente, pero sin mostrar lo que ve claramente ante nuestros ojos. Esto hace que la experiencia difiera de la que proporciona cualquier otra película, pero es algo que no es soportado por todo el mundo.

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Pero no contento con tan peculiar forma de filmar la película, László Nemes la rueda en un formato de 4:3, en 35 mm., por lo que el campo de visión del espectador se estrecha considerablemente, aumentando así la sensación de agobio constante que sufre. Además, en multitud de ocasiones, la figura de Saúl es la que aparece enfocada, debiendo intuir el espectador e ir descifrando formas de todo lo que se intuye alrededor del protagonista, aunque para eso tengamos la inigualable ayuda del sonido, que en esta ocasión alcanza una importancia pocas veces vista anteriormente. Recuerdo una escena en especial en la que vemos de frente la cara impasible del protagonista, absorto y prácticamente ausente mientras está apoyado en las puertas de una cámara de gas en pleno funcionamiento, a la vez que se oye y se imagina el dantesco espectáculo de su interior.

Han de tener en cuenta que, al transcurrir la mayor parte de la película en las cámaras de gas, los crematorios y las zonas donde se desasían de los cadáveres y sus pertenencias, mostrar las imágenes de lo que ocurre directamente sería algo horrendo que sobrepasa todos los límites imaginables, convirtiendo una película, ya de por si durísima, en un espectáculo dantesco totalmente innecesario y de muy mal gusto, que solo conseguiría agrandar el dolor de las familias de las víctimas. Si se deciden a verla entenderán a que me refiero. En cuanto al guión de la película, decir que no cuenta algo que difiera excesivamente de alguno de los muchos trabajos realizados sobre el tema, recordándome su planteamiento inicial al de La zona gris, dirigida por Tim Blake Nelson en 2011, de la que os hablamos aquí, un trabajo de una dureza enorme.

Saúl ha visto ya, y ha sido obligado a hacer, casi todo los horrores posibles e imaginables, teniendo que luchar además con su maltratada conciencia, que constantemente le recuerda como ha traicionado a su pueblo con el simple fin de continuar viviendo su calvario día tras día, pero cuando intuye la pequeña posibilidad de realizar un acto de redención, de salvar al menos un alma de los temidos hornos crematorios, ya que su pueblo considera que el cuerpo es el templo del alma y es sagrado, debiendo ser enterrado, Saúl intentará por todos los medios que el cuerpo de ese chico en el que ve reflejado a su hijo no corra la misma suerte que el resto. Algo que para algunos puede resultar incluso trivial, pero que para quien practique el judaísmo o simplemente conozca su doctrina, no lo es en absoluto. El director nos muestra todo esto de forma imparcial, haciendo que el espectador se sienta parte de los hechos y los juzgue por si mismo, sin intentar adoctrinarlo en ningún momento y limitándose a colocarlo ahí, en el centro de todo. El resultado es, lógicamente, una experiencia fría y desoladora, tan solo enmendada en una pequeña parte por su magnífico final.

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Si echamos la mirada hacia su reparto, el protagonismo recae totalmente en el hombre al que seguiremos en todo momento, un judío húngaro llamado Saúl al que da vida Géza Röhrig, un actor no profesional que se dedica a la educación infantil y a la poesía, nieto de un superviviente de los campos de concentración. Tras visitar Auschwitz cuando tenía unos veinte años, su vida cambió y abrazó la religión judía. Tras escribir un par de libros sobre el Holocausto conoció a László Nemes, que finalmente le daría el papel principal de su debut, todo un acierto para mi. En el resto del reparto destacan nombres como Levente Molnár como Abraham Warszawski, Urs Rechn como Biedermann, Todd Charmont como Braun o Sándor Zsótér como el doctor, entre otros muchos. El nivel general es bastante bueno, por lo que poco mas se puede decir al respecto.

Conclusión: El hijo de Saúl traspasa los límites de lo que nos ofrece habitualmente una película, para brindarnos una experiencia distinta y única, que tendremos que experimentar para poder juzgarla. Tras hacerlo pueden estar con aquellos que ven en ella una obra maestra o con los que la encuentran monótona e insulsa, eso queda a su elección. En mi opinión particular, creo que es un trabajo que merece ser visto, eso si, un día que nos coja de buenas, uno de esos que nos despertamos especialmente predispuestos y con buen ánimo, porque como solía decir mi abuela: ¿Como sabes si no te gusta la verdura si ni siquiera la has probado?. Pues eso mismo.


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Fuentes consultadas: Filmaffinity, Imdb y Youtube

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