lunes, 11 de julio de 2016

Tres colores: Azul - Krzysztof Kieslowski (1993)

Tres colores: Azul, Krzysztof Kieslowski, BleuTítulo original - Trois couleurs: Bleu (Three Colours: Blue)
Año - 1993
Duración - 98 min.
País - Francia
Director - Krzysztof Kieslowski
Guión - Krzysztof Piesiewicz y Krzysztof Kieslowski
Música - Zbigniew Preisner
Fotografía - Slawomir Idziak
Montaje - Jacques Witta
Producción - Marin Karmitz
Productora - Coproducción Polonia-Francia-Suiza; MK2 Productions / CED Productions / France 3 Cinéma / CAB Productions / Zespol Filmowy
Género - Drama
Reparto - Juliette Binoche, Benoît Régent, Florence Pernel, Charlotte Vêry, Hélène Vincent, Philippe Volter, Claude Duneton, Emmanuelle Riva


Trois Couleurs: Bleu (Tres colores: Azul en España y varios paises de habla hispana) es la primera película de las tres que el realizador polaco Krzysztof Kieślowski dedicó a los colores de la bandera francesa y a los ideales que estos representan. Una obra de una calidad y riqueza incuestionables, que como cualquier hermoso poema, necesita que quien lo disfrute posea un mínimo de sensibilidad y la capacidad de meterse en la piel de su protagonista, para que la experiencia sea plena. Mención especial al trabajo de la magnífica Juliette Binoche, imposible de realizar para alguien que no haya nacido para esto, que no posea su don. Imprescindible.

Tres colores: Azul, Krzysztof Kieslowski, Bleu

Sinopsis: En un accidente de coche, Julie (Juliette Binoche) pierde a su marido Patrice ( Hugues Quester), un prestigioso compositor, y a su hija Anna. Al recuperarse de sus lesiones, decide comenzar una nueva vida, independiente, solitaria y anónima, alejada de los privilegios que antes disfrutaba. Olivier (Benedict Regent), el ayudante de Patrice, intenta sacarla de su aislamiento. Olivier está enamorado de ella desde hace muchos años y acaba convenciéndola para que termine el «Concierto para Europa», una ambiciosa obra inacabada de Patrice.

Tres colores: Azul, Krzysztof Kieslowski, BleuEl director: Krzysztof Kieslowski fue un director y guionista de cine polaco, nacido en Varsovia el 27 de junio de 1941. Criado en una familia modesta, intentó ser bombero, idea que abandonó para volver a sus estudios. En 1957, se inscribió en la Escuela de Cine y Teatro de Łódź. Tras realizar numerosos cortometrajes en la segunda mitad de los años 60, al comienzo de los 70 comenzó a trabajar en televisión, dirigiendo varios documentales y telefilms, sin dejar de realizar cortos. Su debut en el cine llegó en 1976 con La cicatriz, tras la que llegaron El aficionado (Amator) (1979), Sin fin (1985) y El azar (Cita a ciegas) (1987). A fines de los 80, realizó para la televisión una de sus obras más importantes: Decálogo, basada en la estructura de los Diez Mandamientos, en la que Kieślowski utilizó la religión para hablar del ser humano y de sus contradicciones morales. Cada capítulo tiene una duración aproximada de una hora. Su último trabajo con bandera polaca fue La doble vida de Verónica (1991), tras la que comenzó a trabajar en Francia, donde realizó su trabajo más importante, la trilogía Tres Colores, dedicada a la bandera francesa, de cuya primera película nos ocupamos en el artículo de hoy. Tras esto, decidió retirarse del cine. Falleció en 1996 de un ataque cardíaco en su ciudad natal.

La película: Hace tiempo que tenía la intención de revisionar y compartir la trilogía que el gran Krzysztof Kieslowski nos dejó para la posteridad, antes de dejarnos con tan solo 55 años. Con motivo del 20 aniversario de su fallecimiento, tuve la oportunidad hace poco de volver a disfrutar en el cine Azul, la que inicia dicha trilogía, una razón mas para no demorarlo mas y comenzar con ella los tres artículos que pretendo realizar sobre esta maravillosa obra que, si aún no han tenido el placer de disfrutar, ya es hora de que la incluyan en sus futuros planes. Cine de tal riqueza, de una belleza similar a este, resulta realmente complicado de encontrar, aunque igualmente he de aclarar que no es un producto que guste a todos por igual, ya que su ritmo pausado y los difíciles temas que aborda pueden echar a mas de uno para atrás. Pero si no es tu caso, mas que ante una película estamos ante un canto a la libertad, a la lucha necesaria para lograr conseguirla y a lo difícil que nos lo puede poner esta vida para poder conseguirlo. Poesía hecha cine.

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Me gustaría dejar varias cosas claras para no llevar a engaño a quien aún no la haya visto y tenga la intención o dude de si hacerlo o no. En primer lugar decir que, a pesar de ser un drama, no es este un trabajo que busque conmover al espectador o que base su razón de ser en esa premisa. Lógicamente, la historia que nos cuenta nos ha de llegar, a poco que quien la está viendo sea capaz de ponerse en la piel de su protagonista, pero lo hace de una forma un tanto fría y distante, por lo que nada tiene que ver con la inmensa mayoría de historias de este tipo que se ruedan. De hecho, el color azul representa al primer lema revolucionario francés, la libertad. Pero, según palabras del propio director, ese color azul ya no simboliza la libertad en un sentido político o social en la época actual, sino la libertad de poder vivir la vida en sí misma.

En segundo lugar, decir que es este un trabajo con un ritmo pausado, en el que los diálogos son escasos y casi nunca alcanzan el enorme protagonismo que tienen en la mayoría de las películas. Ese lugar es ocupado por las imágenes, la iluminación, el color, la música, la constante simbología empleada, dando lugar a una obra que, en el caso de que no consiga que el espectador se adentre en su historia y se deje llevar por ella, puede resultar bastante aburrida y carente de sentido. Si por el contrario lo consigue enganchar y este afronta su visionado sin ningún tipo de prejuicios, puede que la experiencia le resulte realmente enriquecedora y muy diferente a muchas otras. Cuestión de gustos, creo yo.

De lo que no les debe quedar ninguna duda es de que estamos ante un trabajo que no suele dejar indiferente a nadie, capaz de levantar pasiones o hacer dudar al mayor de los cinéfilos sobre su capacidad para disfrutar de lo que muchos lo hacen, o dicen hacerlo, ya que hay muchos que ante la falta de criterio propio se dejan llevar por la opinión generalizada. En mi opinión, uno de los grandes méritos de Kieslowski es saber mezclar de forma brillante continente y contenido, mostrándonos una historia de perdida y superación de una forma bella y poética. Hay que destacar por tanto la hermosa fotografía de Slawomir Idziak (Gattaca, Black Hawk derribado, Harry Potter y la orden del Fénix), el montaje de Jacques Witta y la banda sonora de Zbigniew Preisner (La doble vida de Verónica, El jardín secreto, La gran belleza), autor también de la de las dos que completan la trilogía, cuyo trabajo resulta apropiado y muy brillante.

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Hablar de Tres colores: Azul es hablar del enorme talento de Juliette Binoche y de la habilidad de Krzysztof Kieslowski para utilizarlo y mostrarlo al mundo entero. Una película que utiliza de la forma que esta lo hace los primerísimos planos de su rostro, para mostrarnos sin necesidad de utilizar apenas diálogos lo que puede estar experimentando en tan complicados momentos, necesita de una gran estrella que sepa estar a la altura en todo momento. Binoche realiza un derroche de facultades y se adueña desde el primer instante de la película, fundiéndose con ella en un solo ser. Juliette Binoche es Azul y Azul no sería la misma sin ella. En el resto del reparto destacar a Emmanuelle Riva en el papel de Madame Vignon, la madre de Julie, Benoît Régent como Olivier Benoit, el ayudante del famoso compositor, Charlotte Very da vida a Lucille y Florence Pernel hace lo propio con Sandrine.

Conclusión: Tres colores: Azul es una experiencia que yo recomiendo no perderse, pero teniendo en cuenta algo importante: ni sabes menos de cine si no es de tu agrado, si serás un entendido si logras disfrutarla o finges hacerlo. Es cuestión de gustos que te cautive o te haga desistir de seguir verla, ni mas ni menos. Lo que si sería una auténtica pena es juzgarla sin haberla llegado a ver, solo por lo que opinen unos u otros. Un verdadero lujo para los sentidos, muy alejado de los habituales dramas sobre temas similares que se suelen realizar, sobre todos los que nos llegan con bandera estadounidense. Muy francesa, muy europea, diferente.


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Fuentes consultadas: Filmaffinity, Imdb, Wikipedia y Youtube

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